Soy tuya y sólo tú sabes cómo se comporta mi cuerpo… Dame más de ti, por favor, hazme tuya una y mil veces más….

 

Bueno, voy a empezar por el principio…
Me llamo Alma, soy morena, pelo entre rizado y encrespado y uso gafas. Tengo 35 años y divorciada con dos peques a custodia compartida, que se ve mucho entre la gente últimamente. Mi cuerpo no es el de una modelo, cuenta que he tenido dos hijos, pero tengo curvas.

Mi piso no es que sea gigante, tiene dos habitaciones, un comedor, una cocina con barra americana y dos baños, uno general y el otro más básico. Es un quinto piso, no tiene unas vistas espectaculares pero puedo decir que todas las habitaciones incluyendo el comedor y la cocina a excepción de los baños, dan a la calle y eso se agradece. El levantarte dándote la luz de la calle es lo que más me gusta. Hay gente que conozco, que sus habitaciones dan a un patio de luz y oyes cosas que mejor no haberlas oído en la vida. Después de oír las conversaciones de tus vecinos, seguro que ya no los podrías mirar igual a la cara.

A simple vista, soy una persona muy normal, pero mi risa es bastante escandalosa y llamo la atención…

Me encantan los tatuajes, pero mi economía no está para gastarla en eso, así que tengo muy pocos, pero bien puestos…

El mejor, el que llevo entre el pecho, me encanta lucirlo en la playa cuando voy haciendo topless y me hace mucha gracia cuando alguien te habla, quiere mirarte a los ojos, pero sólo se les va la vista al tatuaje y de ahí, a mis pechos.

Trabajo en una perfumería y en mis horas libres, lo compagino trabajando como administrativa para llevarle las cuentas y facturas a un taller de coches para unos amigos. Es un dinero extra que me saco, ya que con dos hijos, los gastos se duplican y estos comen como leones y arrasan con lo que pillan. Ese trabajo extra sólo lo hago cuando mis hijos están con su padre.

Mi vida sexual es igual que a la de un hormiguero espinoso, que lo hacen una vez al año aproximadamente. Pues desde que me separé, mi fiel compañero es un satisfyer que me regalaron mis compañeras de trabajo para mí cumpleaños. Ese nunca me falla y si empieza a ir lento o mal, le cambio las pilas y listo.

De normal, cuando más lo uso, es la semana que no tengo a los niños. Siempre sigo la misma rutina, pongo música clásica en mi móvil, la conecto por bluetooth a la torre de sonido y empiezo a fantasear… Un día estoy atada, otro día estoy teniendo sexo en un coche y hay fuera de él un mirón, otro día tengo sexo con dos hombres, o con un matrimonio y yo soy su juguete, etc….

Hoy en concreto, voy a aprovechar que mis leones están en un cumple.

Hace algo calor, así que aprovecho, quito la sábana bajera que tengo y pongo la de seda negra, me encanta su tacto. Me desnudo frente al espejo, he levantado la persiana porque voy a imaginar que mientras me toco, mi vecino del balcón de enfrente me ve y empieza a masturbarse, pensando en todo lo que podría hacerme en mi cama. Lo mejor, es que mi cama está justo delante del ventanal que da a la calle, como es una quinta planta sólo pueden verme los vecinos del otro edificio.

Saco el satisfyer, una cinta de terciopelo para atarme los ojos más adelante, cojo unas pinzas de la ropa, sí sí, habéis leído bien, de la ropa y el mando de la música.

Pongo mi favorita “Für Elise” del gran maestro Beethoven, me tapo los ojos. Empiezan los primeros acordes y mi imaginación comienza a volar… Me mojo los dedos y empiezo a recorrer mi cuerpo lentamente, me paro en los pezones y comienzo a pellizcarlos, me encantan tenerlos duros, sobre el pezón pongo el satisfyer, cojo una pinza y me la pongo, —ay joder— sale de mi boca, esto hace que me caliente más, sigo bajando y paso mis deditos por mis labios inferiores, ya empiezo a estar mojada, piso mi mano sobre mi rajita, se moja de mi propio flujo, me lo llevo a la boca y lo saboreo, ummm me encanta, es momento del siguiente pezón, me humedezco la mano y vuelvo a hacer lo mismo que con el otro. Voy bajando y con cada movimiento las pinzas hacen su función apretándose sobre mi pezón, ummmm me encanta esta sensación. Con mis ojos tapados imagino que miro sobre mi ventana y ahí lo veo, mirándome, mientras el movimiento de su mano a su entrepierna impide que lo siga mirando a sus oscuros y lascivos ojos. Abre su primer botón, se que está muy dura por como se le marca en ese pantalón de lino color beige. No lleva camiseta y esa piel morena con un poco de vello sobre su pecho hace que siga tocándome más, abro más mis piernas para él, porque sé que me lo pediría… Me diría —Alma, te quiero bien abierta de piernas para no perderme ningún detalle de esa preciosa masturbación, dónde cuando acabes, me ocuparé de limpiar bien tus riquísimos jugos. Amor, bien abierta… Sí, así preciosa mía…— dejo de tocarme con los deditos, estoy chorreando, no puedo más. Cojo el satisfyer y lo pongo sobre mi mojado clítoris, mi cuerpo no tarda en empezar a convulsar, anticipando al orgasmo que le va a preceder… Y así es…. Me corro pensando en que mis jugos van a ser limpiados con su boca…

No es que sea gran cosa pero hace que descargue toda mi energía negativa y que me ponga de buen humor, además de que mi imaginación me haga pasarlo bien.

En esta vida siempre hay un yin yang, pues eso lo complemento con mi mejor amiga Cris. Digo que somos el yin y el yang porque yo soy morena, bajita, con bastantes curvas y pelo rizado y castaño. Ella es la diosa en persona, alta, rubia, con las curvas muy bien puestas y con una autoestima que más de una querría.

El desparpajo que le falta a una, exactamente a mí, le sobra a ella, que se lleva a todos los tíos que quiere de calle.

Yo, soy de estar en casa y ver pelis en el sofá, dedicarme a mis hijos y a mi trabajo y de follar nada o prácticamente nada. Y ella, el fin de semana que tampoco le toca su hija, suele salir y disfrutar, vamos que no se le va a caer la casa encima, trabajar, ligar y follar lo que no está escrito.

 

Te hablaré de ella un poco más adelante…

 

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