Relatos

La Golondrina y el Halcón…

Acabé de trabajar y miré mi móvil.

  • ¿Cómoooo 106 WhatsApp? ¿Pero que leches ha pasado?

Así que harta de tirarme horas leyendo fui a lo fácil, le escribí a mi amiga July que estaba en el grupo.

  • Hola nena, ¿Alguien se ha muerto para que haya tantos WhatsApp?
  • Hola flor, no. Tienen pensado hacer una ruta al Puig Campana, es una montaña que está súper chula con unas bonitas vistas, yo ya me he apuntado y perdóname, pero también te he apuntado a tí.
  • Que cabrona eres, anda que me preguntas primero, jajaja… ¿Quién más se ha apuntado?
  • Santi, Elvira, Zack, tú y yo.
  • ¿¿¿Solo???
  • ¿Y la ruta cuando es?
  • Este domingo, saldremos sobre las 8 para llegar al pueblo y a la falda de la montaña sobre las 9;30-10. De ahí tomaremos un café y empezaremos a subir, han dicho de hacer la ruta buena porque la otra es un poco fuerte para empezar.

Llegó el día, dejo mi coche junto al de July y veo de Santi y Zack.

  • ¿Y Elvira?
  • No viene, salió anoche y no se puede mover de la cama, tía ya no estamos para salir, ya no tenemos 20 años.

Nos subimos al coche de Zack, pero de camino hacia allí, July me hace saber que le gusta Santi y que, si no me importa, intentará estar más a solas con él.

No me importa me llevo muy bien con Zack e incluso nos picamos sanamente, voy a sentarme atrás y veo que los tortolitos ya están hablando y seduciéndose con la mirada, así que opto por subirme delante y hacer de copiloto.

Llegamos a la zona del parking en la falda de la montaña, cogemos nuestras mochilas y empezamos el ascenso. Mientras vamos subiendo la fauna va cambiando y en diferentes tramos la dificultad va aumentando.

En un momento veo un nido de unos pájaros y atontada me paro en seco, a Zack no le da tiempo a parar y para no tirarme tiene que acabar agarrándome.

  • ¿Ocurre algo?
  • ¿No te parece bonito ese nido de golondrinas?
  • Ummm no. Yo soy de pájaros más grandes.
  • Pues a mí me encantan las golondrinas, las piruetas que hacen y en cómo se tiran en una piscina en plan kamikazes.
  • Pues a mí me gustan más los halcones

Lo miro como si le hubiera salido cara de halcón de repente.

  • ¿Por qué me miras así?
  • Porque no entiendo cómo te pueden gustar los halcones.
  • Muy sencillo, se comen a golondrinas como tú — dice tocándome la punta de mi nariz con su dedo índice.

Me adelanta y me coge de la mano para que le siga el ritmo además de que me ve bastante patosa en este tramo de piedras.

Por el resto del camino vamos chocándonos los hombros, caderas y en más de una ocasión nos cogemos de la mano para ayudarnos a ir por los senderos, realmente más él a mí que yo a él. Le pregunto por July y Santi y me dice que nos han cogido ventaja y van unos metros más avanzados que nosotros, no me importa, me lo estoy pasando tan bien, que el resto de cosas me sobran.

En uno de los tramos hay que escalar un poco y mi cara lo dice todo, él me mira y dice:

  • Golondrina con lo kamikaze que eres y ahora subir tres metros agarrada a las piedras y salientes que hay, ¿te vas a cagar?
  • Si, que pasa…
  • Agarrate y voy detrás por si te caes. Prefiero ser yo quien reciba tu cuerpo antes que las piedras – eso me hace sonreír.

Comienzo a escalar y en lo que son 3 metros para mí son como 3 kilómetros. En un momento dado, mi pierna se resbala y el chillido que pego es tan fuerte que alerta a todos, noto como una mano, me coge el tobillo y lo coloca en el escalón. Sube por mí derecha y cuando casi llega a mi altura me da un azote en el culo.

  • Que no se diga que las golondrinas kamikazes tienen miedo.

Termino de subir los pocos escalones que quedaban cuando veo como Santi y July no paran de besarse a la vez que van caminando, ella mete su pierna en una piedra y se dobla el tobillo.

  • ¡Joder! Que daño.
  • Ostras nena, ¿estás bien?
  • Me duele, creo que me lo he doblado y ahora la pendiente que hay es imposible que la suba tal y como estoy, subid, yo os espero aquí.
  • No, me quedo aquí contigo, vosotros dos subid y veis el paisaje que yo lo tengo muy visto, además, tengo vendas en mi mochila, le vendare el tobillo e iré bajando con ella sin prisa, si queréis, comer allí arriba y nos vemos al atardecer para volver a casa. Voy a llamar a mi amigo Rafa que es el médico del pueblo y que le pegue un vistazo en su consulta. — dice Santi sacando cosas de su mochila.

Le di dos besos a cada uno y mi halcón, por llamarlo de una forma, me cogió de la mano para seguir ascendiendo el último tramo y tal y como había dicho mi amiga, el más difícil.

Pude subir gracias a que Zack no paraba de darme azotes en el culo para que no me parase y mirase hacia abajo y me marease.

Cuando llegamos a la cima tuve que sentarme unos segundos, estaba que me daba algo. Me quité la mochila y la dejé junto a una roca que era alta y tenía forma de pared.

  • Ven golondrina, mira.
  • Joder que bonito, es precioso. ¿Eso es un halcón?
  • No, es parecido.
  • Gracias, por seguir conmigo hasta aquí arriba.

Por primera vez nuestros ojos se habían encontrado de verdad, quizás por la adrenalina, me salió del alma abrazarlo y mientras me refugiaba en sus brazos, le di un beso en su pecho.

  • Oye, ¿Me acabas de dar un beso en el pecho?
  • Si lo siento yo… yo …

Bajé la mirada por vergüenza, miedo, en ese momento me sentí como un halcón observaba todos los movimientos de la golondrina que era yo.

Me levantó la cara para que lo mirase y me besó.

Un beso, dos, tres… me apretó con la roca que hacía de pared, 

sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, lentamente, como cuando un ciego lee por primera vez un libro en braile.

Fue encendiendo en cada movimiento, cada roce, mi cuerpo. Me aparté pensaba que tenía fiebre, tenía mucho calor y decidí quitarme la sudadera, con tan mala suerte para mí y no para él, que mi camiseta fue detrás y me quedé en sujetador. Fui a ponérmela, pero no me dejó, además el sol que nos caía hacía que se estuviera de fábula.

Seguimos besándonos, volvió a apretarme contra la pared, en uno de esos momentos, no sé en cual me dio la vuelta y me quedé de cara hacia la pared.

Me besaba por todo el cuello, me daba pequeños mordiscos que hacían que perdiera el sentido.

  • Una vez te oí hablar con July que tenías un punto que si te lo mordían perdías totalmente el sentido. Ummm, ¿Cuál era?
  • No te lo voy a decir.
  • ¿Seguro?
  • Si, quién algo quiere, algo le cuesta.
  • No te preocupes, lo descubriré pronto…

Siguió mordiéndome, hasta que vio un tatuaje de un duendecillo. No se lo pensó y mordió, pero este mordisco fue diferente, contenía una mezcla de rabia, pasión y algo más que no sabría cómo describirlo.

De mi boca salió un pequeño gemido, me desabrochó el sujetador y con sus manos masajeó mi pecho, mientras seguía besándome, cada rincón de mi piel desnuda.

Me dio la vuelta y me agarró del pelo, para levantar mi cabeza y besarme con esa fiereza en la que un halcón intimida e intenta cazar a su presa.

Mi mano fue al bulto que sobresalía de su pantalón, la noté bien dura y poco a poco fui sacándosela del pantalón. Me giré, miré hacia abajo y sonreí. Cuando la vi supe que tenía que ser mía, así que me zafé de sus brazos y me arrastré por la pared hasta llegar mi cabeza a la altura de su entrepierna.

Estaba viva, dura y ansiosa por querer estar entre mis labios, una gota de líquido preseminal me lo hacía saber y así hice.

La cogí con mi mano derecha hasta introducírmela en la boca, saboreando cada milímetro de ella. Oírlo gemir, hacía que cada vez se la comiera más deprisa.

Me levantó cogiéndome de las axilas y cuando yo estaba de pie, de un tirón me bajó las mayas. Mientras me ayudaba a quitarme las zapatillas y las mallas, olió varias veces mi sexo. Eso que estaba haciendo me estaba volviendo loca, más sedienta de él. Antes de quitarme el tanga, comenzó a darme pequeños mordisquitos, en los que no podía parar de reírme por las cosquillas que me estaba haciendo.

  • Creo que esto no lo vas a necesitar…

Mientras estaba riéndome mirando al cielo como una pareja de pájaros jugaban entre ellos mientras volaban, oí el crujido de mi ropa interior rasgándose.

  • ¿Qué haces loco? Jajaja
  • Me estorba, además, éstas se vuelven conmigo — guardándoselas en el bolsillo del pantalón.

Introdujo uno de sus dedos y comprobó que estaba más que mojada, su dedo fue directo a su boca.

  • Ummm, delicioso…

 Me introdujo dos, comenzó a moverlos cada vez más deprisa, si seguía así y no paraba, acabaría corriéndome.

Un pequeño gemido salió de mi boca y en vez de tapármela con su mano me besó, siguió, más deprisa, no paraba de moverlos y sabía que no aguantaría…

Notaba como mis fluidos mojaban el interior de mis muslos…

No pude aguantar más y me dejé llevar, en ese momento era yo la golondrina que caía en picado hasta la fuente para coger agua mientras volaba… 

No me di cuenta de que él con la otra mano se estaba masturbando hasta que su semen se pegó a mi barriga y bajó por mí sexo y mis piernas…

Durante unos minutos, estábamos uno frente a otro, jadeando y algo sudorosos debido en parte al sol que no paró de calentarnos de más en todo ese tiempo.

A los pocos minutos mientras que empezamos a vestirnos, vimos a gente como subía, nos acomodamos y en ese momento al pasar delante nuestro un grupito de 4 personas extranjeras, nosotros parecíamos dos excursionistas sentados y disfrutando de aquellas vistas maravillosas sin parecer que hacía unos minutos habíamos disfrutado de nuestros cuerpos…

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