Llegamos hasta la puerta y sólo con ver al gorila trajeado, me dio mucho respeto.

Algo en mi interior me decía: — ¡Alma aléjate y vive tu vida como hasta hoy! — pero por otro lado mis pies no dejaban de caminar hasta lo que ahora pienso, mi perdición.

Mi amiga Cris saludó muy efusivamente al gorila, que se llama Gonzalo, él, muy educado, al ver mi cara de desconcierto me dio un pequeño beso en la mano. Todo lo gigante que era, y lo elegante y culto al hablar. A simple vista me recordaba a las moles de porteros de discoteca que te encuentras cuando vas de fiesta y mientras vigilan ponen cara de malotes para que todo el mundo se porte bien. Pero su manera de moverse y hablar con los clientes al entrar no tenía nada que ver.

Entré de la mano de mi amiga, ella me dirigía hasta la barra, pero mis ojos no paraban de observarlo todo. Luz tenue, para crear intimidad pero a la vez podías ver por dónde ibas y la gente que había en las mesas. Las paredes eran de color negro mate con dibujos de siluetas femeninas y masculinas en terciopelo. Sillones en forma de media luna con una pequeña mesa redonda de cristal, donde en cada una había un pequeño teléfono.

Al fondo, una gran barra, donde había un chico alto con un moñito en la cabeza, barba y bastante cuidado.

— Mira este es David. ¿A qué está bueno? — me decía sutilmente mientras llegábamos a la barra.

Yo no contesté, sólo asentí, porque estaba más pendiente de mirar a mi alrededor que en el dueño del local que hacía de camarero en ese momento.

Le dio dos besos y me lo presentó. Mientras ellos hablaban yo seguía recorriéndolo todo con mis ojos hasta que vi una cortina negra de terciopelo. Una pareja entró y pude ver que había un pasillo pero no mucho más ya que las cortinas volvieron a su sitio, tapando mi visión.

Nos fuimos a una de esas mesas y estando allí sentadas pude ver el teléfono. Era uno de esos antiguos modelo góndola, los colores eran rojos o negros, el nuestro rojo. Tenía una pequeña nota con las instrucciones.

Mientras mi amiga fue a por los cócteles yo me entretuve en leerlas. Con ese teléfono podías, desde llamar al camarero para pedir o pagar, hasta hablar con otras mesas o reservar un reservado o spa. ¿En serio que también tenían spa?

Cris trajo dos cócteles, el mío estaba bueno, pero soy más de un puerto de Indias con Sprite y fresas partidas en la copa. La miré en plan ¿Y esto?, a lo que ella me dijo — tía me ha dicho que los probemos, ¿te gusta? — Asentí y seguí observándolo todo.

Mientras nos los tomamos recibimos varias llamadas, donde Cris siempre cogía el teléfono. Eran otras parejas saludándola e invitándonos a una copa con ellos. Pero ella las rechazaba para estar conmigo ya que mi cara lo decía todo.

Nos lo tomamos y creo que hizo que me animase un poco y a reírme más, intentaba taparme algo la boca porque mis carcajadas eran de todo menos silenciosas. Ahí me trajeron mi copa favorita y con un guiño ambas hicimos un chinchin a David que no paraba de hacerle gestos a Cris para que la acompañara al almacén.

Estándonos contando batallitas de las nuestras se acercaron Davinia y Laura, amigas de cris allí, seguimos con nuestras batallitas e hice migas con ellas así que en una de esas Cris me dijo que iba al baño, pero yo vi que fue al almacén con David.

Estuvimos bastante tiempo hablando y en una de ellas, vi como la cortina se movía, mis ojos se quedaron fijos en ella.

— ¿Te apetece que entremos? — preguntó Davinia.
— ¿Eh? ¿Yo? ¿Allí?
— Se nota que es tu primera vez, ¿Verdad? — me decía Laura riéndose. Asentí.
— ¿Te apetece entrar con nosotras, te enseñamos lo que hay dentro y si no te gusta, nos salimos?
— Vale.

Me levanté como si el sofá ya me quemase, pero me mareé algo, así que Laura me cogió por detrás, para que no me cayera.

Una vez recuperada que fueron a los pocos segundos, Davinia me ofreció su mano por si quería ir más segura y yo se la acepté con mucho gusto. Decir que estaba acojonada era poco.

Laura abrió la cortina y no pude contenerme a tocarla. Durante un segundo cerré los ojos y me vino una imagen a la cabeza.

Una cama, una cinta de terciopelo atada a mi cabeza y alguien atándome mis extremidades esa cama, con esas mismas cintas…

Continuará…

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