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Colaboraciones

Una noche especial… (Colaboración @Poetika_os)

Me lleva a cenar a una terraza con velas. Charlamos de cosas banales, bebemos vino y compartimos el postre entre risas y miradas cómplices. Pero la noche tiene ese aroma de las ocasiones especiales, flota en el ambiente algo que nos hace terminar

la cena rápido. Ambos lo sentimos y queremos irnos.

Al llegar al coche, saca del bolsillo la llave y me la da.

–Conduce tú, llévame a casa…

Y sabe que me muero de amor. Me pongo al volante y conduzco su cabrio con una sonrisa enorme mientras él me mira con intensidad. Algo pasa esta noche, no sé describirlo, pero nos envuelve y nos lleva.

Llegamos, me abre la verja del jardín y subo las escaleras delante de él. Sé que está admirando mi silueta dos escalones por detrás, y me gusta. Me paro a oler las rosas, y él me dice: “espera”… Corta una y me la da con una sonrisa que le hace parecer ese chiquillo al que amo.

Salimos a la parte trasera y mientras me descalzo él entra a preparar algo de beber. Nos lo tomamos mirando al cielo, en el cielo y reflejado en nuestras miradas. “¿La última compartida?” Asiento, va a la cocina y sale con un gintonic, le da un trago y atrapa un hielo entre los dientes, mirándome…

Acaricia mi cuello con él y disfruta viendo como mi calor lo derrite. Suaves gotas se deslizan como caricias por mi cuello, y resbalan por mis omóplatos hacia la espalda, provocándome un escalofrío. “Parecen diamantes”, dice. Nos miramos y nos besamos con ganas. Frío y calor…

Sus manos llegan a mi cintura y descubren el liguero que sustenta las medias. Jadea, y susurra en mi oído: “Dios… ¿Se puede ser más sexy?”. Le cojo de la mano y tiro suavemente de él escaleras arriba hasta la habitación. Allí, un último beso y me separo. Me bajo la cremallera del vestido y lo deslizo por mis hombros hasta el suelo. Él admira la ropa interior de encaje y el liguero.

 

Me siento en el borde de la cama. “Ven”, le digo. Le quito el cinturón y abro el pantalón, que cae. Me muerdo los labios al ver el bóxer negro ajustado que oculta apenas su excitación. Lo bajo despacio, mirándole. Está enorme. Y húmedo. Mis manos resbalan por la punta, y rápidamente le sigue mi lengua.

“Hoy no… Hoy tú” me dice tumbándome en la cama. Empieza a recorrer mi cuerpo con los labios. Cuello, hombros, brazos, pechos, vientre, caderas, piernas… Muerde la cara interna de mis muslos y llega a mi monte de Venus.

En mi ropa interior descubre que mi excitación es patente… La hace a un lado con un dedo y lo descubre. Hiervo por dentro cuando sus labios aprisionan suavemente los míos. Juega con ellos, tironeando y besando. Pongo las manos en su nuca para evitar que se aleje. Entonces busca el centro de mi placer y lo estimula con la lengua, primero despacio, luego haciendo círculos y acelerando, un estremecimiento me recorre entera. Mis caderas siguen el ritmo de su lengua, cada vez más rápido. Es como una guerra entre su lengua y mi sexo, no puedo más, de repente mis piernas tiemblan y me dejo ir entre gemidos…

Se acerca a abrazarme y susurra: “Tranquila… Las estrellas siguen en su sitio”. Cuando mi corazón recupera el ritmo, me mira, sonríe. Sabe que quiero más. Me da la mano y me levanta, todavía estoy temblando, me coge en brazos y me sube a un secreter. Mis medias y mis tacones se abrazan a sus nalgas. Me mira a los ojos y me dice “mira”… La punta de su glande se desliza por mi vulva. Su humedad y la mía, una comunión perfecta. Me coge de la nuca y me besa, mi mirada se desencaja cuando siento su sexo sobre el vientre, llegando casi a mi ombligo. Va entrando en mí poco a poco mientras estimula mi clítoris con el dedo índice. Nos clavamos la mirada. Yo le clavo los tacones. Gemimos. Nos besamos…  Observo cómo entra y sale, brillante, empapado.

Me baja y me apoya en la cama, de espaldas a él. Con los tacones el ángulo es perfecto para rozar todas mis zonas erógenas cuando me penetra. Acaricia mi espalda haciendo filigranas mientras lo hace y yo le suplico que no pare.

Cuando alcanzo al fin el orgasmo, el resultado empapa el encaje de mis medias. Todavía entre temblores, me tumba de espaldas en la cama y me penetra de frente. Estamos tan excitados que no tardamos en llegar juntos al clímax por última vez. Me incorpora con la mano en la nuca para que vea cómo todo su amor rebosa por mis labios, mezclándose con el mío. Nos besamos dulcemente mientras ambos bajamos de la cumbre del orgasmo. Entonces apoya su frente en la mía y me dice “Quiero el resto de mi vida contigo”.

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