Otro día en la oficina, esto de los impuestos me está dejando muerta.
Por suerte, hoy era el último día y se nos ha hecho las 23h, presentándolos.
— Analía, ¿Has terminado ya? Yo estoy muerta y quiero irme a casa — dijo María poniendo su cabeza sobre la mesa.
— No tía, me falta los de la empresa Tiki Taka y el de las chuches. Vete si quieres. Lo único que te pido es que cierres la puerta con llave. Escucha…, ¿has oído?
— No. ¿Qué tengo que oír? —aun con su cabeza en la mesa.
— Tía la puerta. ¿Has cerrado después de que trajeran la cena?
— Si —dice María levantándola y mirándome.
— ¿Seguro?
— ¡Joder voy! Qué pesá. — se levantó pegando zancadas hasta llegar a la entrada.
Oí como echaba la llave.
— ¡¿Cómo estaba?!
— ¡Hostia, que si me la había dejado abierta! — puse mi mano sobre mi frente, negando, con esta mujer algún día nos darán un susto.
— ¿En serio? Tía, imagínate que hubiera entrado alguien, ¡joder!
— Mira nena, me quedo aquí contigo y punto. Así no te quedas sola.
— Que no tía, que tú aún tienes que llegar a casa y ver a tu hijo y a tu marido. La suerte que tengo yo, es que esta semana le tocaba con su padre. Pero eso sí, vete y ahora cierra la puerta con llave, anda.
— ¿Seguro? —yo asiento con la cabeza— venga vale, pues me voy, pero si me necesitas, llámame.
— Que si pesada…. Venga, vete anda y por favor cierra bien la puerta.
María se marcha y cierra la puerta. Me desabrocho un par de botones de la camisa y me quito los tacones. Pongo un remix de mi música favorita y me concentro en presentar telemáticamente los dos que me quedan.
— Yuhuuuuu, por fin…. — miro el reloj y veo que son las 23:30h.— ¡Joder que horas! Menos mal que mañana es sábado. ¡A recoger que menuda mesa tengo!
Durante un momento cierro los ojos para descansar la vista. Al rato, me levanto y ordenando papeles, oigo un ruido que procede del despacho de María.
— Nena, ¿Estás ahí?
Abro la puerta pero no oigo nada. Cuando me voy a girar me tapan la boca con una mano y con la otra abraza mi cuerpo, impidiendo moverme.
Me lleva hasta la pared, donde me aplasta con su cuerpo. Intento zafarme pero me es imposible, es bastante fuerte y mucho más alto que yo. Tiene barba, por que cada vez que se acerca a oler ni cuello me produce cosquillas.
Me tapa la boca con una especie de cinta adhesiva, las manos me las dobla en la espalda atándomelas con algo, que no se qué es, ya que no noto nada metálico rozar mis muñecas.
— Mmmmmmmm…
Vuelvo a intentar salir de allí, pero entonces algo me paraliza. Algo me pincha un lateral de mi espalda y oigo su voz (me suena, pero creo que la está haciendo más grave para que no sepa quién es).
— Estate quieta o lo pasarás peor.
— Mmmmmm — digo sollozando mientras mis lágrimas recorren mi cara hasta mojar mi camisa.
— Shhhhh. No, Analía, no llores. Te aseguro que lo vamos a pasar muy bien, pero necesito que colabores, ¿entendido? — Asiento como puedo, tan sólo con imaginarme que podría morir allí mismo me da por llorar más. Pero no consigo saber quién es, pero su voz me es muy familiar.
— Mmmmmm mmmmm…
— Analía, coño. No llores más, por favor, me rompes el alma.
Joder, es Adolfo, un cliente del despacho. No puede ser. Con lo bueno que está y que me haga esto. Yo que me imaginaba pegando polvos con él, pero no sabía que fuese tan hijo de puta. Intento pegarle un empujón, pero es como si hubiera movido una columna. No consigo desplazarme ni un milímetro.
— De verdad déjame saborearte por una vez.
Me tienes loco y no puedo aguantar más, el hacerte mía. Quiero que tengas el mejor sexo del mundo y que vayas con una buena sonrisa en vez de cara de amargada, como vas siempre.
Vuelve a poner sus manos en mi cuerpo y lo toca por encima de mi ropa.
De repente, me baja la cremallera de la falda, que se desliza hasta el suelo en el momento que la cremallera se abre por completo.
Vuelvo a moverme y mi nalga derecha recibe un fuerte azote. De mi boca tapada, sale un grito ahogado de dolor mezclado con susto por no esperármelo.
Se agacha, supongo que a dejar en otro sitio la falda, digo supongo porque con la oscuridad del despacho no veo nada. Intento agudizar el oído pero con la música que sale de mi despacho me es imposible oírle que hace a no ser que esté muy cerca de mí.
Sus manos se ponen a cada lado de mi cadera y empieza a besar suavemente mi culo, como si fuera a romperme. Agarra mi tanga por cada lado y lo hace jirones.
— Perdóname cariño si te hice daño con el azote y este tanga roto es mi premio, para que sepas que todo esto es real.
Vuelvo a llorar, sólo por miedo a que él pierda los papeles y me haga algo de lo que pueda arrepentirse. Se levanta, besa mi cuello.
— Cariño, te prometo que lo último que te haría sería hacerte daño, pero quiero demostrarte que tengo mucho amor para darte y entregarte. Por favor, sólo disfruta de este momento y si después de esto no quieres más, desapareceré de tu vida. Pero te vuelvo a repetir, deja que te enseñe todo lo que te haría todos los días. ¿Me dejas? — me dice susurrando con su voz grave junto a mi oreja, lo que en ese momento las piernas me tiemblan.
Me trago la última lágrima y asiento. Él puede saberlo porque está tan pegado a mí, que creo que mis latidos los sentiría en su cuerpo.
Me da la vuelta y me termina de desabrochar la camisa donde la deja colgando de mis manos atadas.
Me besa el cuello y aprieta contra mí su cuerpo, me huele, y toca la tela de mi sujetador con las yemas de sus dedos, tan suave que a duras penas lo noto.
Vuelve a darme la vuelta, me hace una coleta alta y besa mi nuca, justo en el tatuaje que tengo ahí.
Después de besar la nuca, empieza suavemente a besar cada centímetro de mi piel, haciendo que con cada roce de sus labios empiece a calentarme.
Es como si el miedo que había tenido anteriormente se disipara y en su lugar, dentro de mí creciera deseo porque me hiciera suya.
Llega hasta mis nalgas, me abre un poco más las piernas e introduce su nariz aguileña en ellas, oliendo y saboreando mi humedad que crece por segundos.
Con sus fuertes manos separa aún más mis nalgas, hasta tener acceso a mi sexo, mete su lengua lamiendo mis pliegues saboreando cada milímetro de ellos hasta llegar a mi ano.
Se levanta, me gira dejándome arrinconada entre su cuerpo aún vestido contra el mío desnudo apoyado en la pared. De un tirón me quita lo que me tapaba la boca, me paso la lengua por ellos para hidratarlos.
Sus manos me cogen mi cara y me da un cálido beso, sin prisa con mucho sentimiento. Besa extraordariamente bien y su boca sabe a mi sexo. Esto me está excitando cada vez más.
El muy cabrón vuelve a taparme la boca.
Va bajando por mi cuello, besando y mordiendo mi clavícula, no puedo evitar un pequeño gemido. Una de sus manos se queda estanca en mi cuello y la otra la acompaña en el baile de besos. Me está poniendo cardíaca, quiero pedirle por favor que me folle, porque me veo corriéndome sin que me penetre.
Atrapa un pecho con su mano, mi pezón está duro, tanto que el simple roce de su lengua me duele. Su mano izquierda la suelta de mi cuello para atrapar mi otro pecho. Me muerde y de mi boca sale un grito de placer, no puedo más.
— Fo……., Fo…… — intento decirle sin éxito, ya que con la boca tapada no se me entiende.
— ¿Quieres que te folle? ¿Me estás pidiendo que te folle, cariño?
Asiento moviendo lo mejor posible mi cuerpo ya que por mucho que hablase no me entiende.
— Aún no, tesoro, necesito saborear tu cuerpo al milímetro, no sé si después de esto querrás que desaparezca de tu vida…
Mientras sus manos bailan con mis pechos, su boca fue bajando hasta llegar a mi barriga.
Ha cambiado su forma de jugar con mi cuerpo. Roza su nariz, huele y lame. Así hasta bajar a mi monte de venus, donde aspira hasta no coger más aire.
Baja sus manos a mis caderas. Roza con su nariz una de mis ingles y vuelvo a estremecerme, le sigue un pequeño mordisco y un beso. Se detiene en medio y besa mi pubis y de ahí a la otra ingle y vuelve a repetir el proceso.
No puedo más, me humedezco por segundos. Mi cuerpo está al límite y mi mente también. Un simple roce más y desfalleceré.
Vuelve a lamer mi coño, yo misma noto cómo su barba se humedece y me moja entera.
Oigo una vibración y al momento lo noto en mi clítoris. Me destapa la boca, me dice que quiere oír mis gemidos.
— Vamos tesoro, gime para mí.
— Ahhhhh….. joderrrrrr….
Sigue rozando ese vibrador por todo mi clítoris y a la vez me introduce sus dedos por mis pliegues….
No paro de gemir. Él, al oírme le oigo su respiración se entrecorta.
Me da la vuelta y me quita lo que me sujetaba las muñecas y la blusa que colgaba de mis brazos.
Me lleva hasta mi despacho, allí con la luz puedo verle bien la cara.
Tiene las pupilas dilatadas y su barba humedecida. Bajo lentamente mi vista hasta llegar a sus vaqueros donde un gran bulto lucha por ser sacado de allí.
Se me hace la boca agua y ve como lo miro.
Se excita.
— ¿La quieres?
— Si….
— Demuéstrame que le harías…jod….
No tuve ni que escucharlo, bajo y me arrodillo.
Le desabrocho el pantalón y mi mayor sorpresa es que no lleva calzoncillos y una gran polla dura aterriza a pocos centímetros de mi boca.
La boca se me hace agua, de su capullo sale tímidamente líquido preseminal. Sin tocarla saco mi lengua y lamo su capullo mojado.
Una de mis manos va a sus testículos grandes y muy bien depilados. Los aprieto, lo justo, para hacerle saber que son míos. Le gusta, lo veo sonreír.
Empiezo lamiendo sus testículos y subo lentamente hasta la punta, para introducírmela en la boca. Me coge mi cabeza y empuja un poco más. Me viene una pequeña arcada, pero aguanto el tipo. Sigo comiéndosela, me encanta su sabor.
La saco, lo miro, me mira. Sus ojos celestes como el cielo, se han vuelto de un azul tan oscuro como el azul marino.
Sólo deseo que me haga suya.
Me levanta y me lleva hasta la mesa de mi compañera, me tumbo boca abajo, escupe en su mano y moja mi sexo.
— Analía, estás empapadísima. Prepárate porque vamos a pasar una muy buena noche….
Me abre las piernas y de un estocazo me la mete. Chillo, me duele, hacía como mínimo más de 7 meses que no lo había vuelto a hacer con nadie y su polla no es que sea pequeña y delgada precisamente.
Espera a que se acople mejor y empieza a follarme, en cada par de embistes me da azotes, mientras que con su otra mano me tiene agarrada de la coleta.
Dios, me encanta, como siga me corro. Lo nota porque empieza a aflojar sus movimientos.
— ¿Es que piensas correrte otra vez? No, de eso nada… Como vuelvas a correrte, te la meto por el culo también de un golpe.
— No, no, por favor….
— Entonces, ¿Te vas a correr?
— Joder es que me estaba viniendo el punto…
— Pues haces lo que sea pero como te corras, te follo el culo y viéndote así, tengo unas ganas…
Vuelve a follarme y esta vez, va masajeando su pulgar por mi ano, escupiendo frecuentemente para dilatarlo. Uf, creo que esto es peor porque me está viniendo otra vez las ganas de correrme.
— No puedo más, me voy a correr… Ahhhhhhh siiii sigue….. — Esta vez mis gemidos son más intensos.
La saca, mojando mis piernas de mis propios fluidos, que aguante tiene. Recuerdo que mi ex, nada más meterla a los diez minutos como mucho ya se estaba corriendo.
Me levanta y me besa, pero mi movimiento le pilla por sorpresa porque me deshago de su abrazo y bajo a limpiar mis jugos de su polla.
Está riquísima y el sabor de mis fluidos en su polla sabe muy bien. La lamo hasta no dejar rastro alguno.
Me levanta y me vuelve a dejar en la misma posición que antes. Me abre las nalgas y escupe en mi culo.
Vuelve a masajear mi ano introduciendo un dedo, después otro y así hasta que mete tres.
Estoy muy dilatada.
Esta vez va introduciéndomela más lentamente hasta llegar al final. Vuelve a cogerme de la coleta. Dios, lo que daría por tener otra polla en mi coño.
Comienza a moverse, lentamente y conforme va pasando el tiempo, más fuerte y más rápido.
Otra vez voy a correrme y se lo hago saber y ambos llegamos al orgasmo al mismo tiempo, afloja su mano de mi coleta y me da besos por toda mi espalda.
La saca y limpia nuestros fluidos que corren por mis piernas.
Me ayuda a vestirme y me da un suave y dulce beso.
— ¿Estás bien? Perdóname si te he asustado — dice abrazándome y besándome suavemente por mi cuello.
— Jajaja, estoy bien, algo cansada de estar desde las 8 en la ofi, pero me ha encantado. Eso sí como me pegues otro susto así, cualquier día te mato. Jajaja.
— Hoy era un día duro, ¿Verdad?
— Si, hemos comido aquí y todo
— Si, he visto que todos se iban menos tú y María.
— Y cuando el de la cena se ha dejado la puerta entreabierta no podía esperar más y he entrado. Quería darte una sorpresa, pero al escuchar a María he pensado que mejor esconderme. Perdón por como he reaccionado, pero deseaba tenerte para mí.
— Por cierto, ¿Con qué me has pinchado?
— Con un boli.
— Ja ja ja, ¿de verdad? Joder y yo temiendo por mi vida. Eres un cabrón — le tiró un clip porque si le tiro la grapadora, me quedo sin posible empotrador para otras futuras veces.
Me ayuda a recoger la mesa y apagar la música. Comprobamos que no dejo nada fuera de lugar y me acompaña hasta el coche.
Llegamos al coche, abro la puerta y me quedo atrapada de pie, entre el asiento y su cuerpo, sujetándome la cintura con una mano y con la otra rozando mi cara.
Me besa. Nuestros ojos se vuelven a encontrar, quiero más, pero estoy muy cansada y necesito descansar. Él lo nota, por lo que intenta dejarme más espacio para que yo me vaya metiendo en el coche y cierre la puerta.
— Cariño, mañana paso por tu casa, sobre las 11. Prepara ropa cómoda y ropa elegante — dice con una gran sonrisa en la cara y guiñando uno de esos preciosos ojos azules que me vuelven loca desde el primer día que lo vi entrar en la oficina.
— ¿Cariño? Jajaja ¿desde cuándo? — me hago la sorprendida.
— Desde ahora… ¿Te molesta? — acercándose a la ventanilla, poniendo su cara frente a la mía, separándonos milímetros.
— No no…. Para nada…. Soy tooooda tuya…
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