Ahí estábamos en nuestro mundo, donde el tiempo se paraba y nada importaba. En el coche. Vale, sé que no era el sitio más cómodo del mundo pero se había convertido en mi espacio favorito.

Yo habla de todo y de nada y él me escuchaba y sonreía. Con la excusa del frio le cogí las manos. Esta vez tenia que ser él y esperaba que no tardara por la cantidad de veces que me había mirado la boca ya. Por fin soltó:
– Es que tengo que hacerlo ya.
Y se me echó encima. Sus labios pegados a los míos y mi cabeza contra el asiento. Su calor y su lengua jugando dentro de mi. Mi cuerpo se encendía en dos segundos pero tenía que resistir un poco…
Más besos y caricias. Su mano por mi brazo escapándose a mis senos. Solo tocándome por encima ya me ponía los pezones duros.
Mi mano sobre su pierna intentándome resistir y finalmente cayendo en la tentación. Su miembro duro. Me encantaba ese bulto que tanto me volvía loca.
Quitarnos la ropa dentro de un coche es una tarea difícil pero cuando hay ganas y deseo lo haces en dos segundos.
– Déjame comerte – me dijo.
Me tumbe y me abrí para él. Él aparto mi tanga con una mano y encontró rápidamente mi botón del placer. Estaba hinchado y listo para ser devorado.
Mis primeros gemidos y mi cabeza hacia atrás mientras él no dejaba de chupar. Mi mano en su cabeza pidiendo más.
Y el momento en que sin dejar de chupar metió y sacó el dedo sin parar. Estaba muy húmeda lo notaba y mi cuerpo estaba ardiendo. Empecé a notar el fuego. Me iba a correr. Gemí y me agarré con la otra mano al asiento. Mis jugos llenaron su boca y yo me liberé.
Se acercó y me besó. Mi sabor en su boca hizo que quisiera más.
Se sentó y decidí que ahora me tocaba a mi.
– Déjame comértela antes de que me folles – le dije.
Su centro de placer, su polla, me encanta. Me la metí en la boca y me tiré el pelo hacia un lado para que pudiera ver bien como  entraba y salía de mi boca. Soltó un ruidito que me volvió loca. Estaba jugando con mi lengua en su glande cuando me dijo que la chupo muy bien.
Disfruté un rato del placer que me daba producírselo a él. Pero lo necesitaba dentro y con solo una mirada supimos que era el momento.
– Quieres ponerte de espaldas? – Me preguntó
De forma dudosa me pongo en la posición que sabia que quería. A cuatro patas encima del asiento.
Se posicionó detrás y buscó mi entrada húmeda. Cogió su miembro y lo dirigió a la puerta del paraíso.
Estaba tan mojada que resbaló dentro y yo me sentí morir. Cada embestida, cada golpe de mi cara contra la puerta. Sus manos en mi cintura y mi sexo ardiendo. Lo notaba muy dentro, notaba su pene en mi abdomen. Chillé de placer olvidando por completo que estaba dentro de un coche en medio de la calle.
Me dio una cachetada y chillé aún más fuerte.
-Me tienes muy cachondo-me susurró.
Estaba muy mojada y quería más, más duro, más fuerte. Pareció que me escuchaba porque me cogió del pelo y bombeó más rápido. Nuestro instinto animal estaba a punto de explotar.
– Me voy a correr – me dijo.
– Quiero que me llenes – le respondí.
Y con un sonido apasionado se dejó ir encima de mi mientras yo gritaba más que nunca del placer que me produjo tenerlo dentro…

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