Bajamos la escaleras hablando, mientras él come una piruleta y yo un chupachups de fresa. Al final quería acompañarme hasta el coche, no ha querido que fuera sola. Desde las escaleras vislumbro mi coche y pulso el mando para abrirlo. Nada más llegar hasta allí, voy a darme la vuelta y darle las gracias por haberme acompañado, pero me llevo una sorpresa.
Me coge del cuello, me acerca hacía él. Huelo la atracción. Su boca busca con premura y ansia la mía. Me quedo inmovilizada ya que no me esperaba está reacción de él. Se abalanza contra mí y me aprieta contra el coche, sus manos vuelan por mí cuerpo, conociendo cada milímetro de mi piel. Sus dedos pellizcan mis pezones que están listos para ello. De mi boca sale un leve gemido, me gusta.
Noto su erección, cada vez más grande y más apretada a mi sexo.
Un pellizco, dos pellizcos… Mi boca se abre pero él la tapa con su boca besándome para que mis gemidos no se oigan. Su mano que empieza a conocer mi cuerpo, me levanta el vestido y bajando la mirada ve como mis medias, de liga, me hacen una pierna perfecta, apetecible y mi sexo alcanzable. Toca mi sexo a través de mi fino tanga negro de encaje y no tarda en tocar la humedad que lo rodea. Sus dedos apartan la pequeña tela y los va introduciendo poco a poco, empapándose de mis jugos.
A lo lejos oigo risas, aperturas de coche, arranques, pero me da igual, no quiero que pare. Lo quiero a él y lo quiero ya.

Mi mano baja hasta su entrepierna, lista para mí. Le desabrocho el vaquero y al bajar el pantalón y los calzoncillos, compruebo como su líquido preseminal baja por erecto pene. No me lo pienso, me bajo, lo cojo, lamo y saboreo, me encanta. Abro la boca y voy introduciéndola y poco a poco, la tengo entera en mi boca.

 

Me levanta y me dice que hoy la que va disfrutar soy yo, pero de otra manera.
Me gira, tengo todo mi trasero expuesto. Abre mis piernas y me ensarta. Tapa mi boca con una de sus manos mientras que con la otra me agarra para follarme duro. No paro de gemir, él también.
No aguanto más, me corro… mis fluidos recorren mis piernas cuando él saca su verga, no le doy tiempo a reaccionar, ya que me bajo y saboreo sus fluidos entremezclados con los míos. Él está a punto, lo noto, su cuerpo empieza a tensarse. Segundos después su semilla inunda toda mi boca y acto seguido recorren mi garganta. La dejo limpia, me levanto y le doy un suave beso…
Donde mi última frase antes de meterme en el coche es: si yo gano, tú también…

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