Hacía frío. Volvían de la ciudad llena de luz al hotel tranquilo y silencioso. Día de risas y charlas eternas. Sólos los dos. No necesitaban más. Tras unos momentos de besos y miradas como si fuera la primera vez, ella se quitó la blusa y quedó en sujetador.

Habían pasado tantas cosas hasta estar allí. Besos lentos. El cuello de ella un lugar donde parar el tiempo y excitarla lentamente. Beso, humedad, mordisco, soplar. Sexo húmedo. Sin prisa, aunque su mirada ya la tenía. Sujetador en la cara. Risas. Él la término de desnudar.

Desnuda. De espaldas. Ella bajó la cabeza. Latía a mil. No quería que esa noche acabara. Exhibía su sexualidad ante él, que no hacía más que contemplarla. Amor y sexo. La combinación para morir sin red. Para ir al infierno horas y quemarse queriendo “eres mi animal favorito”.

  Silencio, risas suaves. Filo de la cama. De rodillas pone las piernas entre   sus hombros y la acaricia.   Despacio.   Pies.     Gemelos. Muslos.        La estremece. Eriza su piel. Abre su sexo de par en par. Huele a quiero más. Huele a me encanta. Huele a me vuelves loca. Se miran a los ojos.
La absorbe suave. Le dibuja con la lengua su clítoris. Lo aprieta y ella   muere. La penetra y disfruta de su sabor dulce. Vuelve arriba y acelera.   Ya las manos van a la espalda. Rasponazos, gritos. Corrida. Muerte. Una, otra. “No pares”. Explosión. Pechos como piedras.

 

Sube la cama y ella se pone de lado. “Tengo hambre, además quiero follarme tu polla con mi boca” le dijo con unos ojos llenos de fuego. Le come lento. Los muslos. Los huevos. El culo. La polla desde abajo hasta la punta. “Joder, cómo chorreas”… ” Siempre, ya lo sabes”.

Acelera. Mirando a la cara. “La siento latir…” quería que acabara en su boca. Aceleró hasta que ya notaba el penúltimo latido “córrete en mi boca” 3, 2, 1… Sus deseos siempre eran órdenes. Siempre. Explosión “deliciosa” Él le da la vuelta y toca su sexo por detrás. Muere.

Su postura favorita. Que le comiera desde el cuello hasta el meñique, raspara su espalda, correrse sin control ni número, era su perdición. Nada en el mundo como su espalda. “Puedes matarme, que moriré de placer”. El introduce sus dedos índice y corazón desde el culo. Acelera.

Muere. Una. Muere. Dos…. Chapotean las corridas encadenadas. Llenan las sábanas de sus explosiones. “No pares… No pares” le dice con voz rota y dulce de no saber ya ni donde estaba. Tres… Cuatro… Se miraban. “Más, más. No pares…” Sabían que faltaba por venir, “ella”.

Y llegó. Espalda quebrada durante minutos. Sí.. Sí…Siiií!! Y al fin, llegó. Silencio. Respiración agitada. Miradas cómplices. Silencio. Ella sube sobre él. “Te voy a follar sin follarte”. Quería mostrar su poder. Frotada, de adelante hacia atrás. Miradas de “muere para mí”.

Y entre sus piernas, con las manos agarradas, él volvía a morir. Poder. Ella golpeaba la pared gritando, “sí, sí, sí! Eres mío, todo mío!” Lo nuevo que hacían entre ellos, nunca antes lo habían logrado. Cada vez era más y mejor. El Cielo, tras el Infierno. Ella se puso su ropa.

Amanece. El Sol entra por la ventana. Les tiñe de naranja. Ella se agarra el pelo “vamos a la ducha”. Luego Café. No habían dormido. Daba igual. Ellos son así. La siguiente? dormirán aún menos. Reían. Abrazos. Miradas. Un sorb(es)o de café. Un te quiero sincronizado…

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